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Revista
TXT Nietos, una nueva mirada sobre la identidad.
"QUIERO MI BANDERA" La película de Benjamín Ávila, protagonizada por chicos recuperados por Abuelas, es un testimonio generacional único. Nietos, parentesco solo posible si antes se fue hijo. La historia argentina, a algunos, les impuso el recorrido inverso. Ser hijos a partir de ser nietos. Fueron unas señoras grandes, abuelas porque son madres, las que hicieron -y lo siguen haciendo- hijos. Por eso el documental de Benjamín Ávila se llama Nietos, un relato basado en el testimonio de chicos desaparecidos durante la dictadura militar y recuperados por las abuelas. "La idea fue corrernos de lo político para que el diálogo con el público se dé a partir de la emoción y no de la reflexión intelectual. No plantear lo que paso, sino como sos hoy con todo eso y como te pensás para después. "Posición sartreana que se ofrece a consideración para vencer el prejuicio: "Los hijos de desaparecidos no estamos todo el tiempo pensando en eso. Nos cagamos de risa, nos emborrachamos, nos puteamos como dice Juan Pablo ( un testimoneante); no somos bichos de otro pozo, vivimos algo jodido que nos lleva a ver la cosas diferentes. Por eso el documental nos lleva a hacer las cosas para adelante". Y sigue: "Más allá de la relación que se tenga a nivel individual, como generación, ¿qué somos? Estamos divididos en tres : los descendientes de los militantes, los de las fuerzas represivas y el resto, que inició su educación en democracia. Sin desconocer mi historia, yo no quiero ser hijo, ser la bandera de alguien, quiero ser mi propia bandera, ser Benjamín Ávila. Nietos plantea que somos una generación que empieza a hablar, pertenecemos a la sociedad y queremos dialogar". Los chicos que hasta hace un año ni siquiera tenían identidad se muestran en condiciones de hacer planteos generacionales : "no me voy a sentar a hablar con un policía de cincuenta y pico de año, pero si con sus hijos. Porque no vamos a ser una generación completa si seguimos divididos, y eso es malo incluso para nuestros hijos. Mi hermano es adoptado por otra familia que es del Opus Dei, aunque sabiendo su identidad; y cuando vio la película su recibimiento fue notable, cambio su actitud con respecto a la historia que teníamos, porque el tiene todavía metida la historia muy de ese lado. Eso es lo que quiero para mi generación: hablar sin achacarnos una división no nos pertenece. Es que "cuesta mucho dejar de ser hijo y acercarte a lo que llamo legado y decir: ´es lo que quiero hacer y no lo que mi vieja hubiera querido´. A todos los hijos nos cuesta mucho esa separación, es como una culpa eterna. Y eso guió el documental, para que los pibes que tiene culpa sepan que hay un camino, que a otros les paso lo mismo. Gabriel Cevasco hasta encontró a su papá.
Claudio Gonçalves fue encontrado en 1995, hizo cámara en el film y es
uno de los dos últimos testimonios: son los que recuperaron los restos
de sus padres, la esperanza que conserva el resto. "Cuando enterramos a mi papa vinieron los hijos felices a decirme que era el papá de todos. Lo ves de afuera y no lo podes creer, nadie esta feliz en un entierro. Pero tenemos un vacío. Y de esas historias habla el documental. Tendrías que estar muy cerrado para ver mal que un hijo conserve el recuerdo de sus padres. Es nuestra forma de mantener el recuerdo y generar memoria". Ninguno desconoce algo fundamental; "Hasta que la justicia no escriba la historia no tenemos posibilidades". Una justicia a los que pocos aportan. "Al encontrar a mi papá -recuerda Gonçalves- se acerco un señor y dijo: `Aca hay 4 cuerpos´; y era así. El tipo lo dijo 20 años después. Si hubiera voluntad de que esto se cierre se podría por lo menos encontrar los cuerpos. Cosas básicas." Lo básico, en este caso, es justicia. Y sin embargo su ausencia no impide la esperanza. Después de todo, es algo casi desconocido en sus vidas. "No puedo dejar de ser optimista por la historia de mi vida -dice Ávila-. Pero sí hace muy difícil con un pasado sobre el que no hay justicia." |
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