Revista EL AMANTE
ESTRENOS
Por S.G.

Entrevista a Benjamín Ávila

Sensatez y Sentimientos

Aunque posee una indudable motivación política, Nietos pone especial énfasis en el aspecto humano de la historia. El director no descuidó tampoco el aspecto formal de la película.

 

¿La película existía como proyecto antes de tu incorporación?

Si. Daniel Cabezas, el productor, ya había hecho un documental sobre Abuelas que había dirigido otra persona, pero no le había gustado el resultado. Entonces nos llamó a Lorena Muñós y a mi para que lo rearmemos. Yo lo volví a montar y Lorena armó una nueva estructura de guión. Con esos cambios solo hacía falta filmar durante cinco días para tenerlo terminado. Empezando con las Abuelas y terminando con los Nietos. Dándole una cosa más fresca a lo que ya estaba filmado. El material previo era muy estructurado, tenía momentos muy grandilocuentes que hacía que el nivel del mensaje resultara confuso. Incluso tenía locutor, algo muy televisivo. Hicimos un primer montaje con las primeras cosas que filmamos y nos encantó. Entonces decidimos filmar diez días más. Al fina sólo quedó un 5% del material previo. Queríamos desde el comienzo la parte humana de esos chicos. Previamente no sabés si te van a abrir las puertas de su mundo, pero conmigo el diálogo fue de igual a igual. Yo conozco, por mi historia, las sensaciones que ellos pueden llegar a experimentar y quizás por eso se daba un diálogo más humano. Digamos que no me sorprendía completamente frente a algunas cosas que habían vivido.

¿Ellos conocían tu historia?

Sí, sabían. Y yo intentaba no saber muchas cosas de la historia de ellos. Tenía los puntos básicos solamente, para poder preguntar si no entendía. Si uno posee toda la información a veces cree que se entiende de lo que están contando y en realidad no es asi. Yo no tenía tampoco una mirada piadosa sobre ellos, que naturalmente la gente que no vivió esta historia puede tener. También tuvimos que acercarnos a las Abuelas desde otro lugar, tratando de recuperar su punto de vista. Volver al ´76, cuando la mayoría de ellas imaginaba lo que iba a pasar. Ellas eran todas señoras de clase media que tenían su vida cotidiana sin saber hasta qué punto la política las iba a tocar. Y cómo esas mujeres tan sencillas lograron lo que lograron… a la larga el documental es el resultado del trabajo de ellas. Esas viejas son increíbles, aún hoy es sorprendente la sencillez que tienen.

Vos definiste muy bien a las Abuelas con la palabra sencillez. Yo creo que combinan un grado de sensatez, de humanidad y de compromiso político inclaudicable. Eso las diferencia claramente de otros grupos.

Una cualidad que tienen es que suman todo el tiempo. Cuanta persona quiera colaborar, ellas la suman. Como organización de derechos humanos, marcan un camino muy concreto. Son muy capaces y han logrado cosas increíbles: empezando por las leyes internacionales del niño, que en la ONU se llaman leyes de los argentinos, hasta la ley de la identidad (el derecho a un nombre), que fue impuesta por Abuelas a nivel mundial. Y además encontraron a los chicos y lograron que fueran presos los milicos culpables. Ellas van entendiendo cosas y van sumando todo el tiempo. Están muy bien asesoradas. Trabajan todo el tiempo desde la democracia, quieren justicia y ven cómo conseguirla desde lo legal. Siento un gran respeto por ellas. En el país y en el mundo se las respeta mucho. Han obtenido resultados innegables, resultados humanos. Que exista el banco genético nacional también es trabajo de ellas.

Vos decís que ellas laburan desde la democracia y por eso obtienen esos resultados y ese respeto. La película va siempre desde lo cinematográfico y por eso funciona el discurso político.

Eso queríamos. Yo, en lo formal, intenté ser bastante sencillo. Estructuralmente la película es bastante compleja, cada secuencia tiene su armado. Nos llevó mucho tiempo hacerla y hubo muchos cambios, pero desde lo formal es muy simple y siempre fluye. La puesta en escena es simple. La complejidad del relato es muy grande pero la idea es que no se note. Luchamos para lograr que nada sea confuso o complicado de entender. Me gusta que las cosas sean complejas en un segundo o tercer grado de lectura, pero no en el primero, allí quiero que todo sea bien claro. Si nosotros queremos que los chicos que dudan de su identidad se pregunten algo no podemos hacer una película compleja en el primer nivel. Es importante que puedan identificarse con los protagonistas.

¿Hubo entonces en la realización algo que, pensando en el mensaje y en la función de la película, decidieron excluir?

Dejamos algunas palabras afuera por ejemplo, o frases. En el camino de encontrar tu identidad hay dos procesos largos. Uno es el de encontrarse y otro es el de comprender lo que pasó. La segunda etapa no está en la película, porque eso tiene que ver con nuestros padres, la militancia, las armas… Es un tema que en el documental no se plantea porque este documental es sobre la generación del presente no sobre el pasado. Los documentales sobre eso ya se hicieron. Hablar sobre eso es otro proceso de los chicos. Aprender a juzgar la historia no desde el hoy, que es una manera sencilla de hacerlo. Pensar cómo era la Argentina en aquella época y de dónde veníamos. En aquella época no se habían vivido 20 años de democracia. Nuestra generación aprendió que la democracia es el medio y que lo que se busca es la justicia. Yo siempre digo que no soy mi mamá, soy de otra época y tengo otra vida. Yo también quiero darle a mi hijo cosas como mi vieja me quiso dar a mi, pero voy a pelearla de otro modo; es otro tiempo. Eso es lo que tiene la película, su costado humano. Es ponernos por primera vez en el lugar de los chicos y saber cómo se sienten en todo este proceso de saber la verdad y lo importante que es. Hasta ahora se lo había visto desde un lugar bastante intelectual, pero no desde lo humano. Y ese costado humanos en la novedad de la película.

Hay una nueva generación de directores que adopta un punto de vista novedoso, que quieren contar su historia, no la de sus padres.

Se plantea lo mismo desde la otra generación. Yo no podría hablar desde otro lugar que no fuera el mío. Kamchatka me gustó, por ejemplo, pero ve a los hijos desde el lugar de los padres, posee una mirada piadosa sobre ellos. Y yo no tengo esa mirada porque yo soy esos chicos. Entiendo que la cuente asi esa generación; cuando yo cuente esa historia lo haré desde el otro punto de vista. Es una cuestión de sinceridad. Si mi generación quisiera hacer una bandera de eso estaríamos fritos, porque esa bandera no nos pertenece. La bandera del pasado es la de mi vieja. Cuando esa gente vio mi película agradeció que le mostrara lo que sienten sus hijos. Nunca comprendieron que los chicos tenían un punto de vista de las cosas y que nunca se les dio lugar. La película es irreprochable desde los sentimientos, no podés discutir un sentimiento pero podés comprenderlo. Ver cómo se sentían los chicos y cómo se sienten hoy. La única palabra de nuestros padres es la voz que aparece en el grabador. Es un gran momento. Ahí esta su legado.

¿Cómo la recibieron Las Abuelas?

Durante la realización ellas no sabían lo que estábamos haciendo. Se sorprendieron un poco, creían que iba a ser más histórico. Alguien de Abuelas me dijo "Yo creí que esta película la íbamos a hacer dentro de seis meses". Les sorprendió que funcionara y que estuviera tan bueno algo que supera la etapa de comunicación y va más allá. La película les sirvió también a ellas para entender muchas cosas de los nietos.

Si uno tiene un motivo político para hacer una película y deja que la política quede por encima del cine es como si tuviera que leer un discurso sin cuidar ni ordenar las palabras. El discurso no sirve. Ahora bien, si uno hace una película política y además cuida el encuadre, el montaje, el dramatismo de las escenas, el sonido, los tiempos de la narración, etc. Esta haciendo que ese discurso se eleve, mejore, se vuelva más interesante y efectivo. Por eso una película política que no es realizada por un buen cineasta jamás podrá ser una buena obra, ni en lo cinematográfico, ni en lo político. Nietos es una gran película en ambos aspectos. La apropiación ilegal de hijos de desaparecidos, uno de los hechos más aberrantes de la última dictadura militar, es un tema importante que llega hasta el presente. 500 es el número de niños desaparecidos y hasta la fecha la labor de Abuelas de Plaza de Mayo ha logrado restituir 76 a sus familias biológicas. El film de Benjamín Avila toma un tema tan complejo como este sin descuidar jamás el contenido político, pero también la claridad en el discurso y la fluidez en la narración. La película también es bella y muy cuidada en lo visual, nunca cae en actitudes pretenciosas que descuiden el centro narrativo. Pero tal vez el impacto mayor de Nietos tiene que ver con la emoción. El film muestra la humanidad de cada uno de los personajes, se acerca lo suficiente a cada uno de ellos como para que comprendamos el verdadero significado de sus historias y de su búsqueda de la identidad. En el rostro humano y la experiencia hay una universalidad tal que supera cualquier discurso político, y al mismo tiempo el comprender esa diferencia e sirve a Avila para que el discurso político funcione. El compromiso de film es indiscutible, asi como también lo son su inteligencia y su sensibilidad. La película tiene una luminosidad poco habitual en el cine político local. Mira el pasado y cuenta el presente de lucha apostando con convicción a un futuro mejor. Esta idea es transgresora revulsiva. Un film político que habla de victorias políticas y humanas. Cotidianas, simples, pero victorias al fin.